Tom Pidcock tiene una forma particular de desconectar de las carreras. El británico, doble campeón olímpico de MTB, ha vuelto al Nürburgring Nordschleife con su Porsche 911 GT3 RS con kit Manthey para compartir una jornada con Jörg Bergmeister, piloto de desarrollo y embajador de Porsche. Una oportunidad para mejorar su conducción junto a un especialista que terminó sorprendido por su ritmo. Para Pidcock, los coches son una afición de largo recorrido y una manera de seguir buscando prestaciones sin la presión que acompaña a su profesión.
Una pasión que también sirve para desconectar
Las jornadas en circuito forman parte de su manera de desconectar de la exigencia del ciclismo profesional
La relación de Pidcock con los deportivos va más allá de esta aparición junto a Porsche. En mayo, después de que publicase imágenes conduciendo en Nürburgring, su equipo explicó que su pasión por los coches venía de lejos y que aquella actividad formaba parte de un periodo de recuperación previsto en su programa. El propio corredor presentó esos días como una oportunidad para despejarse antes del gran bloque de competición del verano. El circuito encajaba así en su descanso mental, aunque su manera de pasar el tiempo libre tuviese poco de reposada.
Su amigo y antiguo compañero Jacques Sauvagnargues también ha contado que ambos viajaron a Nürburgring a finales de abril, pocos días antes de la Eschborn-Frankfurt, con el visto bueno de Q36.5. En su relato, las jornadas de conducción aparecen como una válvula de escape dentro de una vida marcada por entrenamientos, viajes y competición. Esa afición también le llevó al Porsche Experience Centre de Silverstone después del Tour de Francia, donde participó en una sesión de conducción con un instructor.

Ya había firmado un 6:52,37 en Nürburgring
Su vuelta de 6:52,37 corresponde al formato Bridge to Gantry, que no utiliza el recorrido completo de los récords oficiales
Esta nueva jornada tenía un antecedente que ya había llamado la atención meses atrás. En mayo, Pidcock compartió un vídeo desde el interior de su Porsche 911 GT3 RS en el que completaba una vuelta en 6 minutos y 52,37 segundos, un registro del que ya hablamos en ESMTB. La cifra ayuda a entender que el británico llega al circuito con experiencia previa y con capacidad para rodar deprisa.
Eso sí, aquel tiempo se tomó en formato Bridge to Gantry, una referencia habitual entre los aficionados que excluye parte de la recta principal. Por tanto, no se puede comparar directamente con una vuelta completa oficial del Nordschleife ni utilizar para calcular su distancia respecto a los récords de los fabricantes. Es una distinción relevante para valorar un registro que Porsche también recoge ahora al presentar su encuentro con Bergmeister.

Lluvia, ajustes y un acompañante de referencia
Bergmeister destacó su sensibilidad al volante y un ritmo superior al de algunos conductores que visitan el circuito a diario
La jornada comenzó con frío y lluvia intensa, de modo que la primera parte transcurrió en las instalaciones de Manthey, próximas a la larga recta de Döttinger Höhe. Cuando mejoraron las condiciones, ambos salieron a pista con Michelin Pilot Sport S 5, la opción para mojado del GT3 RS. Pidcock explica que procura aumentar el ritmo de forma progresiva a medida que gana confianza, pero Bergmeister se sorprendió por lo pronto que el ciclista fue capaz de seguirle.
«Para alguien que no viene aquí con regularidad, el ritmo de Tom es bastante alucinante. Hay gente que viene al Ring todos los días y va más despacio», explicó el piloto alemán. A su juicio, la elección de las trazadas y la fluidez necesarias para completar una vuelta rápida parecen surgir de forma natural en algunos ciclistas profesionales. En Pidcock destacó especialmente el tacto para entender el coche y la confianza con la que lo conduce.
Con el asfalto más seco, cambiaron a neumáticos para esas condiciones y Bergmeister propuso pequeños ajustes en los amortiguadores, además de aconsejarle sobre referencias de frenada y puntos de entrada en curva. Su Porsche pertenece a la generación 992.1 y equipa el kit Manthey, que introduce mejoras en suspensión, frenos y aerodinámica para reforzar su rendimiento en circuito.

Las sensaciones también cuentan al desarrollar una bici
Pidcock encuentra un punto común entre coches y bicicletas en la información que aporta quien los conduce
La visita al taller también permitió al británico reconocer similitudes con su entorno profesional. La organización del material, el almacenamiento de recambios y las listas para preparar los desplazamientos le recordaron a la base logística de un equipo ciclista. Pero la conexión que más le interesó estaba en el desarrollo del producto y en cómo se combina la información de los datos con las sensaciones.
«Lo que he aprendido de Manthey es que, si estás desarrollando un coche en Nürburgring, los datos no te lo dicen todo. Tienes que utilizar las sensaciones. Personalmente, creo que las sensaciones son incluso más valiosas que los datos cuando intento desarrollar una bicicleta», señaló Pidcock. Para el corredor, parte del trabajo de Porsche y Manthey consiste en conseguir que el coche responda de forma previsible en un entorno tan cambiante como el Nordschleife. Una confianza que permite al conductor aprovechar mejor sus capacidades.

Mejorar sin la presión de ganar una carrera
El circuito le permite perseguir mejoras sin sentir la obligación de llevar cada intento hasta el límite
Pidcock identifica en la conducción el mismo interés por mejorar que guía su carrera deportiva. La diferencia está en lo que espera de cada jornada. Sobre la bici compite por resultados y convive con la presión de rendir; al volante puede centrarse en su propia evolución y disfrutar del proceso sin que todo dependa de una clasificación.
«Conducir, en general, es una búsqueda de mejora, algo constante en lo que hago cada día. Pero aquí no hay presión. También puedo disfrutar del hecho de que no necesito llegar al límite absoluto», explicó. «Cuando compito en mi carrera deportiva siempre hay mucha presión, así que en el circuito está bien poder competir simplemente conmigo mismo». Esa libertad ayuda a entender por qué Nürburgring se ha convertido en uno de los lugares a los que vuelve cuando dispone de tiempo lejos de las carreras.