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Andalucía Bike Race
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  • 30 de Julio de 2010

El penúltimo día llega la etapa reina, con el temible Chaberton

Sólo en una prueba como el Iron Bike se les podía ocurrir poner la “etapa reina” (aunque viendo los desniveles y dificultad de la 2ª, la 3ª o la 4ª… estaría disputado el título de etapa reina) en el penúltimo día. Con las fuerzas muy al límite y con el temido Chaberton en el libro […]

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Sólo en una prueba como el Iron Bike se les podía ocurrir poner la “etapa reina” (aunque viendo los desniveles y dificultad de la 2ª, la 3ª o la 4ª… estaría disputado el título de etapa reina) en el penúltimo día. Con las fuerzas muy al límite y con el temido Chaberton en el libro de ruta.

Por si fuese poco, la ascensión al Chaberton no se afrontaba de salida, sino que se llegaba a ella tras haber subido antes dos “puertecillos” que sumaban más de 1300 metros de desnivel, además de dejarnos 40 quilómetros más en las piernas. De salida, una dura ascensión por pista, muy inclinada, hasta la base de un telesilla, que nos ayudaría a salvar 200 metros de desnivel y tras el cual completaríamos la ascensión para poder encarar la primera bajada del día, un mix de pistas y senderos muy bonitos en el bosque que merecía la pena.

En esta primera parte sufrimos los suyo con el frío. Aunque hemos tenido mucha suerte con la meteorología, en altura, por las mañanas, refresca. Ya con el cuerpo caliente tocaba la subida a la cima Boscos. Una preciosa ascensión, por pista en el bosque, sin grandes paredes y con vistas para recordar. Una de las pocas subidas en las que no tenías que morir para poder superarla… salvo en el caso de tener que competir con el crono como me tocaba hacer a mi.

Tras ella, otra bajada de relumbrón. Sendero alpino, curvas peraltadas, bosque, aire fresco… un lujo que solo se veía alterado por los 500 metros de pista de subida, completamente matadores, que había a mitad de bajada. Qué dolor de piernas!!!

La última parte, un sendero al lado del río, en el valle, que presagiaba la que se nos venía encima. El imponente Chaberton se alzaba sobre nosotros. Tan cerca y tan lejos a la vez. La subida más mítica de la carrera, y una montaña mítica en si misma, tanto por su historia como por su oreografía y ubicación. Deportivamente, la podría resumir como 18km y 1900 metros de desnivel para llegar de Cesana a su espectacular pico. Con tramos muy inclinados, zonas de pateo, y paisajes increíbles. Nunca había podido subir, porque los accidentes que había sufrido en las ediciones anteriores me lo habían impedido, pero por suerte, con calma, cabeza y técnica, la subida ha sido ciclable en un 95% para mi. Un alivio porque en los días anteriores había quedado claro que lo de caminar no es lo mío.

Para acabar el repaso al recorrido, la bajada del Chaberton, eterna como su subida, repite sendero en su parte alta (sólo hay un camino para subir), pero llegados al collado que hay unos 500 metros de desnivel debajo de la cima, tomábamos la vertiente donde nos encontrábamos un sendero ultra-técnico de bajada. En total una bajada de más de 35 minutos yendo con alegría como iba (o intentaba ir) yo.

Después, una última subida para llegar a Sestriere en una jornada que de nuevo iba a ser para recordar.

Para mi, en mi visión competitiva de la prueba, veía la primera plaza realmente lejos. Trunschka, el líder, parecía muy sólido, a pesar de que había podido recortarle más de 15 minutos de diferencia en los días precedentes. Así que con Sibl tercero, detrás de mi, a cierta distancia, podía intentar probarme para ver como iba el líder sin excesivo miedo a reventar y perder la segunda plaza.

En la subida a los Boscos ya vi que mis piernas iban bien y las de Trunschka no tanto. 2 minutos de ventaja a mi favor en una ascensión donde me tocó soportar la presencia, siempre a rueda y no siempre muy deportiva, de su compatriota Sibl. El descenso, donde preferí no arriesgar, servía para que el líder me recuperase algo del tiempo que había ganado subiendo.

Pero estaba claro que sería el Chaberton el que dictaría sentencia. Iniciamos la subida los tres juntos, y desde el primer quilómetro puse el mejor ritmo que creía que podría aguantar hasta arriba de la montaña. Lo peor era que ellos conocían el terreno y yo no. Desde abajo tenía la duda de si sería capaz de no morir víctima de mis propios apretones. Trunschka se quedó enseguida, no mucho, de forma progresiva, pero iba perdiendo tiempo a medida que ganábamos altura. Eso me animaba a apretar más, lo que quizás tampoco era bueno. Sibl, tras retorcerse a mi rueda hasta llegados a la mitad de la ascensión, por fin cedía cuando entrábamos en las primeras zonas técnicas y él tenía que bajarse y yo podía apurar sobre la bici.

Todo estaba claro, ahora dependía de mi ver si podría con el Chaberton o si la montaña podría conmigo. Creo que pocas veces me he sabido dosificar tan bien como en esta ocasión. A falta de unos 90-100 metros de desnivel para coronar, y de unos 800-900 metros de sendero me llegó el gran bajón. Pájara total, pero ya estaba, sólo me tenía que exprimir un poco más para llegar al puesto de control del chip y habría superado el Chaberton. Ni os imagináis lo que me costaron esos metros. Pero todo salio bien. Sibl a unos 3 minutos de mi y Trunschka a más de 5. Recuperaba el maillot de líder de nuevo!!!! Y solo faltaba un día!

La experiencia de subir el Chaberton fue sensacional. Lástima no haberme podido quedar en la cima más tiempo, porque hubiese muerto de frío en 10 minutos, pero es un lugar a visitar, ya sea intentando llegar en bici o andando.

Aún así no estaba todo hecho. La bajada tuvo tela, aunque ya con la tranquilidad del trabajo bien hecho! Intenté recuperarme al máximo del bajón en el último tramo, pero la subida a Sestriere se me atragantó mucho. Llegué al campamento muy muy justo de fuerzas, contento pero sabiendo que llevaba el maillot aunque no era el favorito para conservarlo al día siguiente.

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