SRAM no está dispuesta a aceptar una normativa que perjudica directamente a sus grupos
Un protocolo polémico
La norma haría que su piñón de 10 dientes fuese ilegal
SRAM es el único gran fabricante afectado de forma directa por esta restricción, lo que según la compañía supone un freno a la innovación, reduce las opciones de los ciclistas y crea una desventaja competitiva injusta frente a sus rivales.
Intentos fallidos de diálogo
La empresa asegura haber intentado en múltiples ocasiones abrir un canal de comunicación con la UCI para analizar el impacto de la medida, pero denuncia la falta de transparencia y la negativa del organismo a entablar un debate técnico real. Ante la ausencia de respuestas y con la normativa ya señalando a sus productos como “no conformes”, SRAM considera que la vía legal era la única salida posible.
Mientras tanto, los equipos patrocinados por SRAM se han visto obligados a preparar material adaptado para el estreno de la norma en el Tour de Guangxi, sin tiempo suficiente para probarlo de manera adecuada y con la amenaza de sanciones o descalificación si incumplen el protocolo.

Daños reputacionales y riesgo de mercado
“Este protocolo penaliza e inhibe la innovación y sitúa a nuestros equipos en desventaja.»
Además, SRAM alerta de que, de consolidarse la normativa, fabricantes y distribuidores podrían dejar de apostar por sus grupos de carretera de gama alta, poniendo en riesgo años de trabajo e inversión en el desarrollo de su filosofía de transmisión.
Sin evidencia de seguridad
La UCI ha defendido el protocolo como una iniciativa vinculada a la seguridad. Sin embargo, SRAM sostiene que no existe evidencia que respalde esa afirmación. Según sus análisis de datos de la última edición del Tour de Francia, no se observa relación entre los desarrollos más largos y los accidentes en carrera. Los descensos, donde se producen la mayoría de las caídas a alta velocidad, están al alcance de todas las transmisiones utilizadas en el pelotón profesional.
“Los ciclistas quieren carreras más seguras y mejores recorridos, no límites arbitrarios al desarrollo”, insistió Lousberg.

Posibles consecuencias legales
Una norma que solo perjudica a los equipos SRAM
- Se aprobó sin consulta ni transparencia, sin base empírica ni justificación de seguridad.
- Perjudica únicamente a los equipos que usan grupos SRAM, distorsionando la competencia.
- Restringe la elección de equipos y consumidores, limitando la competitividad en el mercado de transmisiones.
- Incumple los artículos 101 y 102 del Tratado de Funcionamiento de la UE (TFEU) y la legislación belga en materia de competencia.
Por ello, SRAM solicita la suspensión inmediata de la medida, la representación de fabricantes en los órganos de decisión sobre material, y la creación de mecanismos que garanticen que futuras regulaciones respeten la normativa de competencia europea.
El futuro del caso
SRAM también busca acabar con la opacidad en la toma de decisiones de la UCI
“Llamarlo test no lo convierte en menos carrera. Nuestros equipos competirán con menos opciones de desarrollo que el resto, en clara desventaja”, añadió Lousberg.
Con esta denuncia, SRAM busca no solo frenar una normativa que considera injusta, sino también abrir el debate sobre la transparencia y la colaboración en la toma de decisiones técnicas de la UCI. Un pulso legal que podría tener consecuencias más amplias en el futuro de la innovación ciclista.