Pierre Rolland sabe lo que es ganar en una de las montañas más famosas del ciclismo, pero su nueva vida sobre la bicicleta le ha llevado bastante más arriba. El francés que conquistó Alpe d’Huez en el Tour de Francia ha encontrado en la ultradistancia otro escenario para competir, ahora con jornadas que se encadenan entre sí y con la responsabilidad de gestionar sus propias necesidades. Su victoria en el IncaDivide de Perú, después de 83 horas de carrera, es la mejor presentación posible para detenernos en la bicicleta con la que afrontó este reto.
Un escalador del Tour que ha encontrado otra forma de competir
Ganó dos etapas del Tour y una del Giro antes de cerrar su carrera profesional en 2022
Para muchos aficionados, el nombre de Pierre Rolland sigue unido a su victoria en Alpe d’Huez en el Tour de 2011, una edición en la que también se llevó el maillot blanco de mejor joven. Un año después volvió a ganar en la ronda francesa, esta vez en La Toussuire, y en 2017 añadió una etapa del Giro de Italia a su palmarés. También fue cuarto en la general del Giro de 2014. Era un escalador con capacidad para disputar grandes vueltas y buscar victorias desde lejos, un perfil que le dio protagonismo durante sus años en el pelotón profesional. Su retirada llegó al final de 2022, coincidiendo con la desaparición del equipo B&B Hotels.

No solo logra buenos resultados, se ha hecho muy popular en Francia gracias a sus videos y redes sociales
Su siguiente etapa competitiva ha tomado forma en pruebas donde la resistencia se mide de otra manera. En 2025 terminó segundo en el BikingMan 555 de Marruecos y en 2026 ganó el 555 Serra Geral de Brasil, con 509 km y 9.000 m de desnivel positivo, en 21 horas y 22 minutos. También se impuso en la Bordeaux-Paris, cuyo recorrido era de 650 km, con un tiempo de 20 horas, 14 minutos y 13 segundos. Resultados que han convertido su llegada a la ultradistancia en algo más que la participación de un antiguo profesional conocido.
Además, su presencia en redes sociales le está dando un nivel de notoriedad muy destacado dentro del panorama ciclista francés, incluso al nivel del que obtenía cuando era profesional de carretera.

El IncaDivide, un reto que también se mide en altitud
El recorrido combinaba 1.200 km, 23.000 m de desnivel positivo y aproximadamente un 50 % de pistas
El IncaDivide ha sido el gran reto andino de esta nueva etapa. La prueba de BikingMan regresó a Perú en agosto de 2026 con su cuarta edición y un recorrido de 1.200 km y 23.000 m de desnivel positivo, repartido aproximadamente a partes iguales entre asfalto y pistas. Su base estaba en Urubamba, en el Valle Sagrado de los Incas, a 2.871 m de altitud. Desde allí, el itinerario enlazaba más de 20 puertos andinos, atravesaba más de 50 poblaciones y establecía tres controles obligatorios, con un límite de diez días para completar la carrera.
Pero la cifra que mejor explica su particularidad es la altura de sus pasos de montaña. El trazado incluía varios puertos por encima de 4.400 m y sectores que superaban los 5.000 m. En ese entorno, la menor presión atmosférica reduce la disponibilidad de oxígeno y limita el rendimiento aeróbico. La aclimatación ayuda a tolerar el esfuerzo y a descansar mejor, pero incluso estando adaptado la capacidad máxima de ejercicio sigue siendo inferior a la que se tiene a baja altitud.

Una victoria en 83 horas, con nieve en los pasos más altos
Rolland completó el trazado original antes de que las nevadas obligasen a desviar a parte de los participantes
La dureza de la alta montaña tuvo consecuencias directas en la carrera. Las fuertes nevadas obligaron a modificar el tramo entre el segundo y el tercer control, donde se encontraban dos pasos por encima de 5.000 m. Según la organización, únicamente los siete primeros participantes pudieron superar ese sector del itinerario original; el resto fue dirigido a una alternativa más corta y menos exigente. Rolland estuvo entre quienes completaron el tramo previsto y ganó con un tiempo de 83 horas, con 2 horas y 55 minutos de ventaja sobre Rodney Soncco.


Un montaje minimalista para pasar más de tres días en carrera
Rolland adaptó la posición y el uso de sus bolsas para mejorar la estabilidad y evitar molestias al pedalear
Para afrontar el IncaDivide, Pierre Rolland apostó por un montaje que él mismo define como «muy minimalista, muy optimizado». La distribución del equipaje concentra buena parte de las particularidades de su bicicleta, con soluciones que responden tanto a la capacidad de carga como a la comodidad de pedaleo, el acceso al contenido y la estabilidad. Todas las bolsas y los accesorios que menciona son de Zéfal, cuya fábrica, según explica, se encuentra a apenas 20 km de su casa.

Actualmente en las pruebas de ultradistancia los ciclistas que disputan buscan el minimalismo
El almacenamiento principal lo aporta una bolsa de cuadro Zéfal C4, con algo más de 4 litros de capacidad. Sobre el tubo superior instaló una T3 de 2 litros, aunque en una posición poco habitual: invertida respecto a su orientación prevista. El motivo fue práctico. Colocada de la forma convencional le molestaba al pedalear, mientras que al darle la vuelta desaparecía esa interferencia. Además, Rolland destaca la apertura superior, que le permitía acceder rápidamente al contenido, un detalle especialmente útil cuando hay que repetir esa operación muchas veces durante la carrera.

Una bolsa de cuadro reconvertida en bolsa de sillín
La bolsa trasera es una Zéfal C3 de cuadro que Rolland decidió colocar bajo el sillín
La solución más particular aparece en la parte trasera. Rolland utilizó una bolsa de cuadro Zéfal C3 como bolsa de sillín, buscando que quedase bien ajustada al espacio formado por este y la tija. Según explica, esa disposición evitaba el balanceo lateral del equipaje. También valoraba su cremallera longitudinal, que le permitía organizar el contenido y acceder a los distintos accesorios sin tener que vaciar la bolsa para encontrar lo que necesitaba.
El tercer argumento para elegir esta configuración fue la aerodinámica. Rolland buscaba mantener el equipaje alineado con la bicicleta y limitar su exposición al viento. Él mismo explica la lógica de su elección: en una prueba con tantas horas de pedaleo, incluso una pequeña mejora de la velocidad media puede acumular una diferencia considerable. Es una forma de preparar el material en la que sigue presente su experiencia en carretera, aplicada ahora a una bicicleta que también debe transportar lo necesario para una prueba de ultradistancia.











