Una de las innovaciones más llamativas de los últimos años en carretera ha terminado fuera de competición
Un sistema con lógica total para el pavé
El sistema permitía adaptar la presión de las cubiertas en tiempo real según el terreno
En carreras como la París-Roubaix, donde se alternan sectores de adoquín extremadamente irregulares con tramos de asfalto rápido, la ventaja era evidente. Presiones más bajas para ganar tracción y confort en el pavé y presiones más altas para maximizar eficiencia en carretera.

Visma lo adopta… y gana con ello
El sistema no solo se probó, también ganó en el máximo nivel
Los resultados no tardaron en llegar. En 2025, Pauline Ferrand-Prévot ganó la París-Roubaix Femmes utilizando esta tecnología, explotando precisamente su capacidad de adaptación al terreno. También se vio en otras victorias y actuaciones destacadas del equipo, consolidando la percepción de que podía marcar diferencias reales.

Un producto adelantado a su tiempo… pero sin mercado
Su alto precio y nicho de uso limitaron su viabilidad comercial
A esto se sumaba su aplicación muy específica. Más allá de escenarios como Roubaix o ciertas pruebas de gravel, su utilidad práctica para el usuario medio era limitada. Esa combinación de precio elevado y mercado estrecho acabó pasando factura.
En enero de 2026, la empresa neerlandesa Gravaa se declaró en quiebra tras no lograr el volumen de pedidos necesario .

El equipo sigue apostando por él… incluso tras la quiebra
Visma continuó usándolo y entrenando con el sistema pensando en Roubaix
De hecho, llegaron a competir con él en pruebas previas como el GP Denain, sin ningún tipo de restricción. Todo indicaba que volverían a emplearlo en el “Infierno del Norte”.
La UCI interviene a última hora
La prohibición llegó apenas dos semanas antes de Roubaix
La decisión llegó sin aviso previo y a escasos días de una de las carreras donde más sentido tenía su uso. Desde el equipo, su responsable de rendimiento Mathieu Heijboer calificó la situación como “una verdadera pena” y dejó entrever que la decisión no era casual.

El conflicto: disponibilidad comercial vs ventaja competitiva
La UCI argumenta que no todos los equipos pueden acceder a la tecnología
Según el organismo, tras analizar la situación tras la quiebra de Gravaa, se concluyó que ya no era posible adquirir el sistema, lo que generaba una desigualdad tecnológica significativa. Especialmente en una carrera como Roubaix, donde su impacto podía ser determinante.
La UCI defendió que debía preservar “el más alto estándar de equidad”, evitando que un solo equipo dispusiera de una ventaja inaccesible para el resto.
La postura de Visma: una decisión difícil de entender
El equipo considera que el sistema seguía siendo accesible y cuestiona el momento de la decisión
Además, señalan el momento de la decisión como especialmente controvertido. Haber permitido su uso en carreras previas y prohibirlo justo antes de Roubaix refuerza su sensación de arbitrariedad.

Leon van Bon
Un caso que define el futuro de la innovación en ciclismo
El equilibrio entre innovación y regulación vuelve a estar en el centro del debate
También abre la puerta a un debate más amplio: si el futuro de la transmisión, la aerodinámica o incluso la interacción con el terreno pasa por sistemas más complejos, el papel de la UCI como regulador será cada vez más determinante.
En este caso, una tecnología que había demostrado su eficacia y ya había ganado en el máximo nivel ha quedado fuera antes de consolidarse. No por falta de rendimiento, sino por no haber encontrado su espacio en el mercado.