GoPro llegó a valer más de 11.000 millones de dólares
La advertencia aparece en un documento 8-K presentado ante la SEC, el regulador bursátil de Estados Unidos, en el que GoPro vuelve a presentar sus cuentas de 2025 con una novedad importante: el informe de su auditor, PricewaterhouseCoopers, incluye ahora una referencia expresa a la incertidumbre sobre la continuidad de la empresa como negocio en funcionamiento.
GoPro reconoce dudas sustanciales sobre su capacidad para seguir operando durante los próximos 12 meses
De icono mundial de las cámaras de acción a empresa en riesgo financiero
La situación actual contrasta de forma radical con el momento de mayor esplendor de GoPro. La compañía nació de una idea muy simple: permitir que los deportistas pudieran grabarse a sí mismos en situaciones en las que una cámara convencional no servía. Nick Woodman, fundador y CEO de la marca, concibió el primer concepto durante un viaje de surf a Australia e Indonesia en 2002, después de sujetarse una cámara de 35 mm a la muñeca para grabarse dentro del agua.

GoPro pasó de ser una marca casi artesanal a convertirse en una compañía valorada en más de 11.000 millones de dólares
GoPro salió a bolsa el 26 de junio de 2014 con un precio inicial de 24 dólares por acción. Su debut fue un éxito. Cerró su primer día en Wall Street a 31,34 dólares y alcanzó ese mismo año un máximo de 93,85 dólares por acción, lo que elevó el valor de la compañía por encima de los 11.000 millones de dólares. La narrativa era muy potente: GoPro no solo vendía cámaras, también parecía una marca de medios, con millones de vídeos generados por sus usuarios y una presencia enorme en YouTube.

El problema de depender demasiado del hardware
La mejora de los smartphones y el fracaso del dron Karma marcaron el inicio de una etapa mucho más complicada
GoPro intentó diversificarse, pero no todos sus movimientos salieron bien. El caso más recordado fue el del Karma, su dron. El producto debía abrir una nueva vía de crecimiento, pero terminó convertido en uno de los grandes tropiezos de la compañía. En noviembre de 2016, GoPro tuvo que retirar alrededor de 2.500 unidades después de detectar casos en los que el dron perdía potencia durante el vuelo. La línea Karma fue abandonada en 2018.
Para entonces, la empresa ya había comenzado una etapa de recortes, ajustes de plantilla y pérdida de valor bursátil. Nick Woodman, que llegó a ser considerado uno de los CEOs mejor pagados de Estados Unidos gracias a un paquete de acciones restringidas valorado en cientos de millones de dólares, pasó a tener una compensación en efectivo de 1 dólar en un contexto de fuerte presión sobre la compañía.

Un 2025 muy duro: menos ingresos, pérdidas y poco efectivo disponible
Los ingresos de GoPro han caído con fuerza y su posición de caja se ha reducido de forma muy acusada en solo dos años
La compañía cerró 2025 con unas pérdidas de 93,5 millones de dólares y con solo 49,7 millones de dólares en efectivo. Dos años antes disponía de 222,7 millones. Esa reducción de caja ha obligado a GoPro a apoyarse en financiación externa para cubrir sus vencimientos y mantener la actividad.
En agosto de 2025, la compañía firmó un préstamo de 50 millones de dólares con Farallon Capital Management para ayudar a pagar una nota convertible de 93,8 millones que vencía en noviembre de ese mismo año. Como parte del acuerdo, GoPro emitió warrants que permiten a Farallon comprar casi 11,1 millones de acciones a 0,75 dólares.
En febrero de 2026, GoPro añadió otros 50 millones de dólares en deuda convertible a largo plazo. En abril anunció un nuevo plan de reestructuración con el recorte de casi una cuarta parte de su plantilla. Ese ajuste laboral se suma a una trayectoria reciente marcada por la reducción de costes y la búsqueda de alternativas estratégicas.

La deuda y las condiciones de los préstamos agravan la presión
GoPro negocia con sus acreedores mientras intenta evitar que sus problemas de liquidez desemboquen en una situación más grave
El documento presentado ante la SEC también advierte de la existencia de cláusulas de incumplimiento cruzado. Esto significa que un impago o incumplimiento en un préstamo podría activar incumplimientos en otros acuerdos financieros, permitiendo a varios acreedores reclamar el pago inmediato de sus deudas al mismo tiempo.
La propia GoPro reconoce que sus prestamistas podrían interpretar la advertencia sobre la continuidad del negocio como un evento de incumplimiento. La empresa afirma que mantiene conversaciones activas con Farallon, Wells Fargo y Yorkville para intentar resolver la situación.

El encarecimiento de la memoria añade otro problema
El aumento del precio de la memoria golpea a GoPro justo cuando la compañía dispone de menos margen financiero
Para una empresa que fabrica cámaras digitales, este es un problema directo. GoPro tiene además un compromiso de compra no cancelable de componentes de memoria por valor de 24,5 millones de dólares. En un contexto de caja limitada, esa obligación se convierte en una carga relevante.
El documento también apunta a una debilidad adicional en las ventas durante abril y mayo de 2026. Es decir, el deterioro no se limita al cierre de 2025, sino que se estaría prolongando durante el ejercicio actual.

Una posible venta y la búsqueda de nuevos sectores
GoPro ya ha iniciado movimientos para buscar una salida. La compañía ha contratado al banco de inversión Houlihan Lokey para explorar una posible venta. También ha recurrido a asesores para estudiar oportunidades en los sectores de defensa y aeroespacial, un movimiento que encaja con el uso de sus cámaras en aplicaciones profesionales y técnicas.
En ese contexto, GoPro ha señalado que sus cámaras estuvieron montadas en la nave Orion de la misión Artemis II. Es una referencia con la que la compañía intenta mostrar que su tecnología puede tener recorrido más allá del mercado de consumo, aunque por ahora no está claro si esa vía puede traducirse en ingresos suficientes o en una operación estratégica que resuelva sus problemas financieros.
La compañía también ha empezado a enviar la nueva serie GoPro Mission 1, con sensor de 1 pulgada y capacidad 8K. Sin embargo, la documentación financiera más reciente no permite saber si este nuevo producto tendrá un impacto suficiente para cambiar la tendencia de ventas.
No hay un concurso de acreedores anunciado, pero el riesgo es real
La marca no ha anunciado una bancarrota, pero reconoce que necesita financiación o una operación estratégica para asegurar su continuidad
Pero el lenguaje utilizado sí deja clara la gravedad del momento. GoPro afirma que, sin nueva financiación o sin una operación estratégica, su capacidad para continuar como negocio se vería afectada de forma material y negativa. En ese escenario, la empresa podría verse obligada a reducir significativamente su actividad, reestructurarse, cesar operaciones o acogerse a la protección legal frente a sus acreedores.
El caso GoPro es uno de los ejemplos más claros de cómo una marca puede pasar de dominar una categoría de producto a quedar atrapada por la presión del hardware, la competencia de los smartphones, la falta de diversificación rentable y una estructura financiera cada vez más exigente. La compañía que durante años fue sinónimo de vídeo de acción afronta ahora un periodo decisivo para saber si puede encontrar un comprador, refinanciar su deuda o reinventarse en otros mercados.