El pasaporte de potencia de la UCI, una idea polémica que empieza a tomar forma
La UCI y la ITA ya prueban durante dos años un pasaporte de potencia que analizará datos de entrenamiento y competición para detectar evoluciones sospechosas, aunque su fiabilidad y utilidad real siguen generando muchas dudas entre los equipos.
Parecía una idea sin recorrido… pero va avanzando
La posibilidad de utilizar los datos de potencia de los ciclistas profesionales como herramienta de lucha contra el dopaje parecía, hasta hace poco, una idea difícil de aplicar y con demasiados puntos débiles. Sin embargo, la UCI y la Agencia Internacional de Controles, ITA, ya han puesto en marcha un estudio de viabilidad de dos años que busca determinar si esos registros pueden convertirse en una fuente útil para detectar evoluciones de rendimiento sospechosas.
Continúa tras los patrocinadores
El pasaporte de potencia pasa de ser una propuesta teórica a un estudio real de dos años
El denominado pasaporte de potencia, también llamado pasaporte de datos, no pretende sustituir al pasaporte biológico, sino añadir una nueva capa de análisis basada en la información que generan los potenciómetros durante entrenamientos y competiciones. El proyecto está financiado por la UCI y contará con la participación de cinco equipos profesionales, entre ellos Visma | Lease a Bike y Decathlon CMA CGM.
La iniciativa supone un avance relevante para una idea que inicialmente generó rechazo entre buena parte del pelotón. La principal cuestión no es si los equipos acumulan datos suficientes, algo que ya sucede desde hace años, sino si esos datos pueden interpretarse con el rigor necesario para tener valor dentro de un programa antidopaje.
Visma – Lease a Bike
Un sistema basado en la evolución del rendimiento
El sistema buscaría tendencias anómalas a largo plazo y no una actuación aislada
A diferencia del pasaporte biológico, que analiza cambios en marcadores sanguíneos mediante controles dentro y fuera de competición, el nuevo sistema se apoyaría en la construcción de perfiles de rendimiento a largo plazo. La intención es estudiar cómo evoluciona cada corredor durante temporadas completas, teniendo en cuenta su edad, especialidad y el tipo de competición en el que participa.
El análisis no se centraría únicamente en un valor máximo de potencia o en una actuación excepcional. Los responsables del proyecto plantean un enfoque más amplio, basado en la carga de trabajo acumulada, los kilojulios generados y la evolución sostenida de los datos. El objetivo sería detectar rendimientos que se alejen de forma significativa de la trayectoria habitual de un ciclista y de los patrones esperados en corredores con perfiles comparables.
Este punto es clave porque una cifra de potencia, por sí sola, tiene un valor limitado. Una actuación excepcional puede depender de numerosos factores externos, desde el recorrido y la meteorología hasta el estado de forma, la estrategia de carrera, el rebufo, la altitud o la propia fiabilidad del dispositivo empleado. Convertir ese dato en un posible indicador de dopaje exige un contexto muy amplio y una validación científica que todavía está por demostrar.
Pelotón
Los problemas técnicos que condicionan el proyecto
La precisión de los potenciómetros y el contexto de cada esfuerzo serán decisivos
La fiabilidad de los datos es uno de los grandes obstáculos del pasaporte de potencia. No todos los potenciómetros ofrecen exactamente las mismas mediciones y existen diferencias entre sistemas integrados en bielas, pedales, ejes o bujes. También pueden aparecer errores de calibración, variaciones por temperatura, pérdidas de señal o discrepancias entre los dispositivos utilizados por un mismo corredor a lo largo de una temporada.
A ello se añade la dificultad de comparar ciclistas con especialidades muy distintas. Un corredor de grandes vueltas, un esprínter, un especialista en clásicas, un escalador o un biker de XCO generan perfiles de potencia muy diferentes, incluso cuando sus rendimientos son completamente normales dentro de su disciplina. La misma dificultad aparece al analizar carreras con desarrollos tácticos opuestos o entrenamientos realizados en condiciones muy diversas.
Por ello, el estudio deberá determinar hasta qué punto esos factores pueden corregirse o integrarse en modelos estadísticos capaces de distinguir una variación lógica de una evolución realmente anómala. La UCI y la ITA son conscientes de que, sin esa capacidad de contextualización, los datos de potencia no podrían utilizarse como una muestra comparable a un análisis de sangre u orina.
Pelotón
Dos años de pruebas antes de una posible aplicación
El pasaporte de potencia no podría funcionar como prueba única de dopaje
La investigación se dividirá en dos fases. Durante el primer año se analizarán datos históricos de los aproximadamente 60 ciclistas participantes para comprobar si es posible construir perfiles de rendimiento consistentes y comparables. La segunda fase utilizará registros de temporada en curso para valorar cómo funcionaría el sistema con información actualizada.
El proyecto estudiará especialmente las denominadas actuaciones excesivas, es decir, rendimientos que se alejen de la evolución individual esperada de un corredor cuando se comparan con los datos de otros deportistas de edad y perfil similares. Aun así, cualquier señal generada por el sistema debería ser interpretada como un elemento para orientar controles más específicos, no como una prueba directa de dopaje.
Esa diferencia es fundamental. Los registros de potencia podrían ayudar a identificar casos que requieran una vigilancia adicional, controles dirigidos o análisis más profundos, pero resulta complicado que alcancen por sí solos el nivel de certeza necesario para sostener una sanción. El éxito del proyecto dependerá precisamente de demostrar que puede reducir los falsos positivos y ofrecer información útil sin castigar situaciones normales dentro de un deporte tan variable como el ciclismo.
Un proyecto en fase de pruebas
Equipos divididos ante la cesión de datos
El debate no solo afecta al antidopaje, también a la privacidad y la estrategia de los equipos
La respuesta dentro del ciclismo profesional está lejos de ser unánime. Algunos equipos ven en el proyecto una oportunidad para reforzar los mecanismos de control y elevar la credibilidad del deporte. Otros consideran que obliga a compartir información extremadamente sensible, tanto desde el punto de vista deportivo como estratégico.
Los datos de entrenamiento y competición son uno de los activos más protegidos por los equipos. Reflejan la preparación de cada corredor, su evolución, sus puntos fuertes y débiles, y en muchos casos forman parte del trabajo interno de entrenadores, analistas y departamentos de rendimiento. Su uso dentro de un sistema externo plantea dudas relacionadas con la privacidad, el acceso a la información y la interpretación de los registros.
La división de opiniones confirma que el pasaporte de potencia todavía está lejos de ser una realidad consolidada. No obstante, el hecho de que la UCI y la ITA hayan iniciado una investigación formal, con equipos de primer nivel implicados, demuestra que una propuesta que parecía excesivamente ambiciosa está ganando peso dentro del ciclismo profesional.
Si los resultados del estudio son positivos, una primera aplicación podría centrarse en el pelotón masculino profesional antes de valorar su extensión al ciclismo femenino y, potencialmente, a otros deportes supervisados por la ITA. De momento, el pasaporte de potencia sigue siendo un experimento rodeado de incógnitas, pero ya ha dado el paso más importante: pasar de la teoría a una fase de pruebas real.