El ciclismo apenas ha empezado a asimilar la llegada de las ruedas de 32” y ya tiene otra medida sobre la mesa. Las 30,5” han pasado de aparecer en filtraciones sobre una futura gravel de Cube a dejarse ver en una bicicleta de enduro preparada para disputar un Mundial. Su planteamiento puede tener sentido técnico, pero abre una pregunta mucho más importante para el usuario: si la mejora respecto a las 29” o las 700C es suficientemente grande como para justificar otro tamaño de llantas, neumáticos y bicicletas.
Cube lleva las 30,5” del gravel al enduro
La nueva medida aparece en una Cube Fritzz con rueda trasera de 29”
Zakarias Johansen tiene previsto disputar el Mundial de enduro de Finale Ligure con una Cube Fritzz equipada con rueda delantera de 30,5” y trasera de 29”. Una nueva interpretación del concepto mullet que combina un neumático delantero Schwalbe con una horquilla invertida Fox Podium modificada.
El equipo presenta la carrera como su primera prueba real en competición con esta configuración. Su argumento es que en los ensayos han encontrado más velocidad en tramos rectos que con una rueda de 29”, manteniendo una mayor facilidad para negociar curvas cerradas que con una de 32”. Es una valoración del propio equipo, todavía pendiente de demostrar su alcance en competición y de separar el efecto del diámetro del resto de ajustes de la bicicleta.
La aparición en enduro amplía una historia que inicialmente apuntaba al gravel. El pasado 9 de septiembre, Radsport-News publicó una filtración de la futura Cube Nuroad Aero C:68 X Race para 2027. Aquella información situaba las ruedas de 32” en la gama, pero reservaba las 30,5” para la talla XS. Es decir, el primer indicio no planteaba necesariamente una sustitución general de las 700C por las 30,5”, sino una alternativa para la talla más pequeña dentro de una plataforma de ruedas mayores.

Una idea que ya existía antes de Cube
Moots y WTB ya mostraron en 2023 una gravel con ruedas intermedias bajo la denominación 750D
Cube aparece ahora como la marca que más visibilidad está dando a esta medida, pero la idea de situarse entre las ruedas convencionales y las de mayor diámetro tiene antecedentes. En 2023, Moots mostró una Routt CRDD experimental con ruedas y neumáticos WTB de tamaño 750D. Entonces, WTB explicó que llevaba años trabajando en aquel desarrollo y que su paso a producción dependía del interés de las marcas de bicicletas. No había un calendario comercial y la disponibilidad de recambios se vinculaba a que primero existiesen bicicletas de serie que los montasen.
Conviene introducir una precisión: no se puede dar por hecho que aquel 750D y las actuales 30,5” sean exactamente el mismo estándar. El 750D presentado en 2023 utilizaba un diámetro de asiento del neumático de 660 mm, mientras que Ride recogió una medida de 50-654 en los datos filtrados de la Cube. Esa diferencia obliga a ser prudentes al hablar de equivalencias y compatibilidad. Comparten la idea de ofrecer un escalón intermedio, pero eso no garantiza que compartan llantas y cubiertas.
El proyecto actual también cuenta con un fabricante de neumáticos implicado, se trata de Schwalbe, que se ha metido en el desarrollo de cubiertas de 30,5” a petición de una marca de bicicletas y un fabricante de ruedas.

Una justificación técnica no equivale a una necesidad de mercado
Que una rueda pueda ofrecer una ventaja no significa que esa ventaja justifique cambiar de estándar
El argumento de Cube resulta comprensible: buscar parte de la capacidad de una rueda mayor para superar irregularidades sin asumir todas las dificultades de integración de una de 32”. En el gravel, además, la talla XS ofrece una explicación concreta. Una rueda menor permite disponer de más margen para diseñar la parte delantera de la bicicleta y gestionar la distancia entre el pie y el neumático. Desde ese punto de vista, las 30,5” podrían facilitar una gama de geometrías que las 32” complican.
Pero encontrar una aplicación razonable no resuelve la cuestión principal. El salto respecto a las ruedas actuales es relativamente pequeño, mientras que la incompatibilidad de los componentes esenciales es completa. Las 700C de gravel y las 29” de MTB comparten un diámetro de asiento del neumático de 622 mm. Un neumático diseñado para otro diámetro necesita su correspondiente llanta.
Si se confirmase el diámetro de 654 mm recogido en la filtración, hablaríamos de 32 mm adicionales de diámetro y 16 mm de radio respecto a una llanta de 622 mm. Es una diferencia real, pero contenida. Esos milímetros pueden modificar el comportamiento de la bicicleta, aunque su existencia no permite deducir por sí sola cuánto tiempo se gana, en qué terrenos o con qué contrapartidas.
Ahí está el centro del debate. En competición, una ganancia pequeña puede justificar un desarrollo específico. Para quien compra una bicicleta, esa misma ganancia debe compensar también el precio, la disponibilidad de cubiertas, la facilidad de reparación y la confianza en encontrar recambios durante años.

El problema empieza cuando necesitas otra cubierta
Una medida de rueda también necesita variedad de neumáticos, suministro y continuidad
Para el usuario, disponer de una cubierta compatible sería solo el primer paso. En enduro hacen falta opciones de dibujo, compuesto y carcasa para terrenos y condiciones muy distintos. En gravel cambian las necesidades de anchura, protección y rodadura. Una única cubierta puede permitir fabricar una bicicleta, pero difícilmente sustituye la capacidad de elección que ofrecen las medidas consolidadas.
Cada nuevo diámetro añade referencias que desarrollar, producir, distribuir y mantener en stock. No exige cambiar todos los componentes de la bicicleta, pero sí introduce llantas y neumáticos específicos, además de las adaptaciones que necesite cada plataforma. Y para una tienda supone decidir cuánto material de una medida minoritaria puede almacenar sin saber todavía qué demanda tendrá.
El riesgo es que una mejora discreta sobre el terreno venga acompañada de una dependencia mucho mayor de unos pocos proveedores. Una cubierta dañada durante un viaje o una llanta que haya que sustituir años después de comprar la bicicleta pueden pesar más en la experiencia de uso que una pequeña ventaja de rendimiento.
Las 32” todavía están construyendo su propio mercado
La industria ya tiene por delante el reto de dar soporte a las 32”
La llegada de las 30,5” resulta especialmente desconcertante por el momento elegido. Las 32” aún están formando su oferta de bicicletas y componentes. Schwalbe ha anunciado los G-One RS Pro y G-One RX Pro en medidas 50-686 y 55-686, con disponibilidad en tiendas desde abril de 2027, y también prevé neumáticos de MTB. Hay un compromiso industrial concreto, pero incluso esa medida está dando sus primeros pasos comerciales.
Las 32” plantean un salto de tamaño mayor respecto a las 29” y, con ello, un argumento más claro para explorar bicicletas con un comportamiento diferente. Eso tampoco garantiza que sean mejores para todo el mundo ni que vayan a conquistar el mercado. Aquí tenéis nuestro primer test real de una bicicleta de gravel de 32″ totalmente comercial. Tendrán que compensar sus exigencias de geometría, peso e integración, además de conseguir una red de suministro suficiente. Pero la magnitud del cambio ayuda a entender por qué distintas marcas están destinando recursos a desarrollarlas.
Añadir simultáneamente otra medida intermedia puede fragmentar ese esfuerzo y complicar la decisión de compra. El ciclista que empieza a valorar una bicicleta de 32” se encuentra ahora con una alternativa que promete reducir sus inconvenientes. Y quien utiliza 29” recibe otro mensaje sobre una posible evolución cuyo beneficio práctico todavía debe demostrarse. Desde nuestra perspectiva, esa acumulación tiene más capacidad para alimentar la espera y la desconfianza que para facilitar la adopción.