Nairo Quintana ha puesto punto final a su carrera profesional este 3 de octubre en el Giro dell’Emilia. A los 36 años, el colombiano se despide en una prueba que ganó en 2012, cuando comenzaba a mostrar hasta dónde podía llegar en el ciclismo europeo. Antes de la salida, el pelotón le ha dedicado un pasillo de honor con las bicicletas levantadas, un reconocimiento a uno de los mejores corredores de las últimas temporadas y a uno de los pocos escaladores puros capaces de convertir su superioridad en la montaña en victorias en grandes vueltas.
Un escalador capaz de ganar carreras de tres semanas
Quintana ganó el Giro y la Vuelta y subió tres veces al podio del Tour de Francia
El lugar de Nairo Quintana en el ciclismo reciente se explica con un palmarés que muy pocos corredores pueden presentar: ganador del Giro de Italia de 2014 y de la Vuelta a España de 2016, segundo en el Tour de Francia de 2013 y 2015 y tercero en 2016. A ello añadió otro segundo puesto en el Giro de 2017, completando seis podios en grandes vueltas y victorias de etapa en las tres. Fue un aspirante real a las carreras más importantes del calendario durante varios años, con continuidad suficiente para mantenerse entre los nombres que condicionaban cada recorrido y cada estrategia.
Su perfil deportivo hace especialmente relevante ese balance. Quintana construyó sus mejores resultados desde la montaña, en una época en la que ganar una gran vuelta exigía enfrentarse a rivales muy completos y a equipos capaces de controlar las carreras con una enorme superioridad colectiva. Su terreno eran los puertos largos, la acumulación de desnivel y las jornadas en las que la resistencia acababa pesando tanto como la capacidad de acelerar. Desde ahí consiguió compensar sus limitaciones frente al reloj y convertirse en uno de los grandes referentes de los escaladores.

Del Tour del Porvenir a sorprender en su primer Tour de Francia
En su debut en el Tour, con 23 años, fue segundo, ganó una etapa y se llevó los maillots de la montaña y de mejor joven
La victoria en el Tour del Porvenir de 2010 anticipó el potencial de un corredor que llegaba desde Boyacá y que encontró en Movistar Team el entorno para dar el salto definitivo. Se incorporó al conjunto español en 2012 y respondió de inmediato con triunfos en la Vuelta a Murcia, la Ruta del Sur, el Giro dell’Emilia y una etapa del Critérium du Dauphiné. Aquella primera temporada ya permitió ver que su adaptación al ciclismo europeo iba mucho más allá de una promesa de futuro.
La confirmación llegó en el Tour de Francia de 2013. Con 23 años y en su primera participación, Quintana terminó segundo por detrás de Chris Froome, ganó la última etapa de montaña en Annecy-Semnoz y se llevó tanto la clasificación de la montaña como la de mejor joven. Su manera de afrontar los puertos, con una aparente tranquilidad que contrastaba con la dureza de sus ataques, le convirtió en una de las grandes revelaciones de aquella edición. Colombia encontraba un nuevo candidato a ganar el Tour y el pelotón descubría a un rival que iba a permanecer varios años en la primera línea.

El Giro de 2014, su primera gran conquista
Val Martello y Monte Grappa marcaron el camino hacia el primer Giro de Italia ganado por un colombiano
Un año después de aquel estreno en el Tour, Quintana ganó el Giro de Italia en su primera participación. La jornada de Val Martello quedó como una de las imágenes centrales de su carrera: una etapa con el Gavia y el Stelvio, lluvia, nieve y frío, en la que conquistó la victoria y el maillot rosa. Fue una demostración de su capacidad para rendir cuando una gran vuelta entraba en su terreno más exigente, con condiciones que llevaban al límite a los corredores y multiplicaban las diferencias.
La cronoescalada de Monte Grappa terminó de consolidar su triunfo. Quintana ganó también allí y reforzó un liderato que le llevaría a convertirse en el primer colombiano vencedor del Giro. Su éxito confirmó algo que el Tour anterior ya había sugerido: tenía condiciones para ganar una carrera de tres semanas. La montaña podía seguir siendo el punto de partida de una victoria absoluta, siempre que detrás hubiese la resistencia, la recuperación y la capacidad de gestionar la carrera que él mostró en aquella edición.

Los duelos con Froome y la Vuelta de 2016
Fue uno de los grandes rivales de Froome y encontró en la Vuelta de 2016 la forma de derrotarlo
Una parte importante de la trayectoria de Quintana estará siempre ligada a Chris Froome y al dominio del Team Sky. En el Tour de 2015 volvió a terminar segundo, esta vez a solo 1 minuto y 12 segundos del británico. Su ofensiva en Alpe d’Huez, en la última etapa de montaña, dejó una de sus actuaciones más recordadas: consiguió poner en dificultades al líder y mantener abierta la carrera hasta sus últimos kilómetros decisivos. El amarillo se le escapó, pero aquella edición mostró lo cerca que había estado de lograr el gran objetivo que acabaría faltando en su palmarés.
En la Vuelta a España de 2016 sí consiguió superar a Froome. Ganó en los Lagos de Covadonga y reforzó de forma decisiva su posición en la jornada de Formigal, aprovechando junto a Alberto Contador una ofensiva desde el inicio que dejó al británico por detrás. Aquella Vuelta reunió dos facetas de Quintana que merecen recordarse juntas: la superioridad en una subida emblemática y la atención para entrar en un movimiento que cambió la carrera lejos de una llegada en alto. Terminó de rojo en Madrid y añadió una segunda gran vuelta a su trayectoria.

Una forma de competir reconocible y un perfil reservado
Su expresión serena y su carácter reservado contrastaban con la dureza de sus mejores actuaciones en la montaña
Quintana también será recordado por cómo competía. Su imagen en los puertos resultaba fácilmente reconocible: gesto contenido, pocas señales externas de sufrimiento y una forma de sostener el esfuerzo que dificultaba saber cuánto le quedaba. En sus mejores años podía endurecer una subida hasta seleccionar la carrera o acelerar y mantener la diferencia cuando otros necesitaban recuperar. Esa capacidad para prolongar el esfuerzo fue una de las características que le hicieron especialmente peligroso en las jornadas de alta montaña.
Su trayectoria también tuvo momentos en los que se le reclamó más iniciativa, especialmente cuando el Tour concentraba todas las expectativas. Esa exigencia formaba parte de su condición de favorito. Pero reducir su carrera a las ocasiones en las que no atacó dejaría fuera actuaciones como Semnoz, Val Martello, Alpe d’Huez o Formigal, que muestran distintas maneras de buscar una victoria y de poner en dificultades a sus rivales.
Fuera de la carretera mantuvo habitualmente un perfil más bajo que otros ciclistas de su talla. Reservado en sus intervenciones y poco dado a grandes gestos públicos, proyectó una personalidad que encajaba con su expresión sobre la bicicleta. Incluso convertido en una figura de enorme repercusión en Colombia, conservó esa imagen sobria. Su popularidad se construyó principalmente a partir de sus resultados y de lo que representaba para el ciclismo de su país.

Un final con Movistar y una última victoria en Asturias
En su temporada de despedida todavía encontró espacio para volver a ganar la Vuelta a Asturias
Tras su primera etapa en Movistar, entre 2012 y 2019, Quintana corrió en Arkéa-Samsic de 2020 a 2022. El tramo final de su carrera estuvo marcado por su descalificación del Tour de 2022 por el uso de tramadol, prohibido entonces por el reglamento médico de la UCI, aunque todavía no figuraba en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje. Pasó 2023 sin equipo y regresó a Movistar en 2024, iniciando una segunda etapa con un papel diferente al de sus años como gran aspirante a las generales.
Su última temporada todavía le permitió recuperar la sensación de ganar. En abril conquistó una etapa y la general de la Vuelta a Asturias, un éxito de una dimensión distinta a sus grandes triunfos, pero significativo en el cierre de su carrera. Al explicar su decisión de retirarse, resumió parte de ese desgaste con una frase: «Los vatios siguen siendo los mismos», aunque reconocía que «hay un cansancio psicológico».
Quintana deja también victorias en pruebas como la Tirreno-Adriático, la Volta a Catalunya, la Vuelta al País Vasco y el Tour de Romandía. El Tour de Francia quedó como su gran objetivo pendiente, pero sus dos grandes vueltas y sus seis podios permiten valorar una carrera que fue mucho más allá de aquella aspiración. Con su retirada se despide uno de los corredores que mejor representó al escalador puro en el ciclismo reciente, capaz de convertir los puertos en el terreno desde el que ganar las carreras más exigentes del calendario.