Lo tenía todo. Pero estar en la cima no es fácil. Jenny Rissveds se sincera sobre sus problemas buscan ayudar a otras personas en similar situación

El desorden alimenticio fue, en mi caso, un tabú aún más grande que la depresión
Como muchos sabréis ya he pasado por una depresión. Cuando miro atrás con la distancia del tiempo entre mi y la enfermedad, veo que también os puedo contar que durante el mismo periodo me diagnosticaron desorden alimenticio – conocido también como bulimia nerviosa -. El desorden alimenticio fue, en mi caso, un tema aún más tabú que hablar de mi depresión. ¿Quién puede creerse que una deportista profesional no puede controlar su dieta?
Mi primera experiencia real con el desorden alimenticio empezó hace 3 años, comiendo de forma compulsiva. La ansiedad y el sentimiento de culpabilidad eran terribles. Intenté forzarme a vomitar varias veces, pero no lo conseguí. Empecé a entrenar de forma extrema y me ponía metas sobre cuantos días sería capaz de aguantar sin comer. En un momento descubrí que podía deshacerme de lo que había comido usando laxantes. Algo dentro de mi me dijo que eso no era normal, pero no podía parar. Lo único que circulaba por mi cabeza era comer todo lo que pudiese y después pensar como ir al lavabo a sacarlo. Mi vida empezó a parecerse a la de una adicta, y probablemente me convertí en una adicta de mi misma.

Lo único que circulaba por mi cabeza era comer todo lo que pudiese y después pensar como ir al lavabo a sacarlo.
Me hubiese gustado que la respuesta a la pregunta que buscaba en Google tantas veces, la de «por qué como de forma compulsiva», hubiese sido «porque no estás comiendo suficiente, sal y busca ayuda». Espero que estas palabras sean la respuesta a esa búsqueda de google para otras personas.«