El mountain bike está viendo como todo lo relacionado con el material de MTB crece. Crecen el ancho de los bujes, crecen el tamaño de las ruedas, crece la anchura de los manillares y todo en búsqueda de los mismos “ideales” que los fabricantes persiguen desde el inicio del MTB: rodar de forma más cómoda, segura y rápida.
Las ruedas se han convertido en el epicentro de esta transformación. Primero fue el diámetro. La proliferación de las ruedas de 27,5” y 29”. Ahora le ha llegado el turno al ancho de la llanta. Han nacido las medidas de 27,5+ y 29+, a medio camino entre las tradicionales medidas de ancho y las enormes fatbike.
Pero en cualquier caso, y más allá de la entrar en la medida de 27,5+ y 29+, el ancho de las llantas es cada vez mayor. ¿Capricho de los fabricantes o beneficio real?
La búsqueda del peso más ligero llego a las llantas a estrecharse al máximo en el inicio del MTB
Con el tiempo la situación se fue estabilizando y la medida de llanta interna se estabilizó entre los 21 y 24mm de ancho. Hasta ahora. Desde hace unos meses proliferan las llantas de hasta 35mm de anchura interna, al borde de lo considerado para 27,5+ y 29+.
Las llantas más anchas permiten que el neumático coja una forma que otorga más agarre y tracción, además de poder rodar con menos presión
Además, su comportamiento con el sistema tubeless es mucho mejor, evitando en gran medida las pérdidas de aire que se pueden producir al rodar a baja presión y forzar mucho la cubierta en apoyos laterales.
En cuanto al peso, las nuevas técnicas de construcción hacen que tanto en los modelos de aluminio como en los de carbono la penalización en la báscula sea mínima.
En definitiva, las llantas más anchas han llegado para quedarse. Sus ventajas son claras para el enduro o all-mountain, e incluso en el XC y bike-maraton tendrán su hueco.

