¿Está cambiando la opinión sobre Lance Armstrong? “Dejar el alcohol cambió mi vida”
Lance Armstrong reflexiona sobre su carrera, su caída y los cambios que ha vivido en los últimos años, hablando de su mentalidad competitiva y el proceso personal que ha seguido tras el escándalo que acabó con su legado deportivo.
Repasa su vida en el último podcast de Jan Frodeno
Lance Armstrong volvió a hablar largo y tendido sobre su vida y su carrera en un reciente podcast junto a Jan Frodeno, en una conversación en la que repasa desde sus inicios en el triatlón hasta su etapa dominante en el ciclismo, su caída pública tras el escándalo de dopaje y el proceso personal que ha vivido en los últimos años. El estadounidense aborda temas como su obsesión por ganar, su relación con el deporte tras retirarse y la importancia que ha tenido la terapia en su vida reciente.
A lo largo de la conversación, Armstrong describe su trayectoria como una cadena de episodios de supervivencia, desde su infancia hasta su caída pública en 2012.
“Mi vida ha estado definida por alguna forma de supervivencia. Primero fue crecer con una madre de 17 años intentando salir adelante. Luego luchar literalmente por mi vida cuando me diagnosticaron cáncer con 25 años. Y después llegó otro tipo de supervivencia cuando todo se derrumbó en 2012 y 2013.”
Según el propio Armstrong, cada uno de esos momentos fue preparándole para el siguiente, aunque admite que el último fue el más duro.
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Una infancia marcada por la lucha
«Fui criado como un luchador. Me gustan los desafíos»
Armstrong explica que su carácter competitivo y su mentalidad combativa se forjaron desde muy joven. Su madre lo tuvo con solo 17 años en Dallas, en una época en la que aquello suponía una enorme presión social. “Mi madre tenía 16 años cuando se quedó embarazada y 17 cuando nací. Imagínate lo que todo el mundo le decía en Dallas en 1970. Ella decidió tenerme y demostrar que todos estaban equivocados. Yo crecí absorbiendo esa lucha.”
Ese entorno hizo que desarrollara una personalidad orientada a la confrontación y a superar obstáculos. “Fui criado como un luchador. Me gustan los desafíos. Nada me activa más que una buena pelea.”
Del triatlón al ciclismo profesional
Antes de convertirse en uno de los ciclistas más dominantes de la historia, Armstrong destacó como triatleta juvenil. De hecho, con apenas 15 años ya competía con profesionales. “Sabía que podía salir del agua con el grupo delantero. Si sales del agua con ellos, estás en la carrera. Y pensé: esto es algo serio.”
Sin embargo, su gran objetivo siempre fue participar en los Juegos Olímpicos. El triatlón aún no era disciplina olímpica en los años 80, lo que le llevó a probar suerte en el ciclismo cuando fue invitado al centro de entrenamiento olímpico estadounidense. “Siempre soñé con ser olímpico. Cuando me ofrecieron la oportunidad de ir al centro de entrenamiento con el equipo de ciclismo, pensé: voy a intentarlo.” Ese fue el inicio de su transición definitiva al ciclismo, que culminó con su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
Lance Armstrong
El cáncer y la obsesión por el detalle
«El diagnóstico me llevó a obsesionarme con los detalles.»
Armstrong sostiene que su diagnóstico de cáncer en 1996 cambió completamente su forma de afrontar la vida y el deporte. Hasta entonces no se consideraba una persona especialmente obsesiva con los detalles. “El diagnóstico me llevó a obsesionarme con los detalles. Tuve que tomar decisiones muy difíciles sobre dónde tratarme y con qué médicos.” El estadounidense explica que abordó su tratamiento casi como si fuera un proyecto deportivo. “Pensé en ello como en elegir el mejor equipo. Estudié mi enfermedad, los marcadores tumorales, las radiografías. Quería ver todos los datos.” Esa mentalidad analítica sería una de las bases de su enfoque competitivo cuando regresó al ciclismo profesional.
Ganar sin disfrutarlo
«Así que la pregunta es: ¿estás intentando ganar o simplemente intentando no perder?»
Uno de los aspectos más llamativos de la conversación es la forma en que Armstrong describe su relación con la victoria. A pesar de haber ganado siete Tours de Francia consecutivos, asegura que nunca sintió una auténtica satisfacción.
“Cuando pienso en esos siete Tours, sí, los gané, pero durante toda la carrera solo pensaba: no pierdas.” Según explica, su motivación no era el placer de ganar sino el miedo a perder. “Odiaba perder. Y todavía odio perder. Así que la pregunta es: ¿estás intentando ganar o simplemente intentando no perder?” Armstrong reconoce hoy que esa forma de vivir el éxito probablemente no era saludable. “Mirando atrás, es una pena no haber sido capaz de parar y decir: ‘Wow, lo conseguí’.”
Lance Armstrong en su entrevista con Oprah
El precio de la mentalidad de campeón
“Todavía monto en bici. Y ahora lo hago solo para desconectar.»
Durante la conversación, Armstrong reconoce que el tipo de mentalidad necesario para llegar a la cima del deporte puede tener un lado oscuro. “No creo que haya muchos tipos realmente ‘agradables’ en la cima del deporte.” Explica que esa agresividad competitiva era parte de su proceso psicológico para rendir al máximo. “Hacíamos las rivalidades personales. Queríamos odiar a los rivales. Era parte del proceso.” Con el paso de los años, admite que llevó esa mentalidad demasiado lejos. “Funcionó en la bici, pero no funcionó fuera de la bici. Y esa es una lección que aprendí por las malas.”
A pesar de todo lo ocurrido, Armstrong sigue entrenando con frecuencia. Según explica, el ciclismo se ha convertido en una forma de terapia mental. “Todavía monto en bici. Y ahora lo hago solo para desconectar. Dos horas solo pueden resolver cualquier problema que tenga.” El deporte sigue siendo su principal herramienta para gestionar el estrés. “Si hay algo en mi vida que me preocupa, nada lo soluciona más rápido que salir a rodar solo.”
Lance Armstrong
El descubrimiento tardío de la salud mental
“Cuando miras mi vida desde fuera, ves dos momentos en los que todo cambia: la terapia y dejar de beber.”
Uno de los cambios más importantes en la vida de Armstrong llegó hace apenas unos años, cuando comenzó a trabajar de forma intensiva con terapeutas. “Durante toda mi vida me abrí paso a base de fuerza de voluntad. Nunca pensé en la salud mental ni en la terapia.” Su visión cambió radicalmente cuando decidió someterse a un proceso terapéutico intensivo. “No descubrí esa parte de la ‘caja de herramientas’ hasta hace seis o siete años. Y ha sido lo más transformador que he hecho en mi vida.”
El proceso incluía sesiones intensivas de varios días trabajando en profundidad distintos aspectos emocionales. “Cinco días de sesiones, diez horas al día, desmontándolo todo.” Para Armstrong, el elemento clave es la rendición total al proceso. “Si no te entregas completamente, no funciona.”
En los últimos años Armstrong también ha cambiado su relación con el alcohol, algo que considera un punto de inflexión. “Cuando miras mi vida desde fuera, ves dos momentos en los que todo cambia: la terapia y dejar de beber.” A partir de esos cambios, dice haber encontrado una nueva forma de vivir. “Los últimos siete u ocho años han sido increíbles.”
Una nueva forma de ver la vida
“Cuando tu vida va tan rápido como la mía, no puedes capturar los recuerdos.”
Otro de los aprendizajes que destaca tras su caída pública es la claridad que obtuvo sobre quién estaba realmente a su lado. “No puedes pasar por una historia como la mía sin descubrir quiénes son tus verdaderos amigos.” Ese, asegura, ha sido uno de los aspectos más valiosos de toda su experiencia. “Es una de las lecciones más importantes que aprendí.”
Hoy, a sus 54 años, Armstrong asegura que su objetivo principal es ralentizar el ritmo de su vida y disfrutar más de los momentos. “Cuando tu vida va tan rápido como la mía, no puedes capturar los recuerdos.” Por eso su prioridad ahora es diferente. “Quiero ralentizar todo y capturar todos los recuerdos posibles.”
Una reflexión final que resume la evolución personal de uno de los personajes más controvertidos de la historia reciente del ciclismo.