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Publicado el 5-6-2017
La aparición de los nefastos discos de freno de carbono arrojó muchas preguntas sobre cómo llega un producto al mercado

A raíz de la aparición de los discos de freno de carbono para MTB que resultaron ser un fiasco absoluto y una estafa para aquellos que apostaron por ellos surgieron varias preguntas sobre cómo se pudo producir un caso así.

¿Quién regula qué productos son aptos para su uso en una bicicleta? ¿Qué normativas deben cumplir? ¿Cómo pueden los usuarios certificar que un producto ha pasado los tests necesarios antes de comprarlo?

Galfer es una compañía con una enorme trayectoria, que no solo tiene su completa gama de pastillas de freno y discos para MTB, sino que fabrica y asesora a algunas de las marcas más importantes del sector. Hablamos con sobre las carencias de las normativas y cómo una marca debe encargarse de buscar la excelencia de sus propios productos.

Banco de prueba de Galfer

Banco de prueba de Galfer

Hablamos con José María Sánchez (responsable de fábrica) y Marco Milesi (ingeniero y químico) sobre la situación de las normativas y cómo es posible que cualquier producto, sin ningún tipo de certificación o garantía, llegue a los canales de venta. Internet ha ampliado de forma enorme la posibilidad de vender productos sin control y ante este escenario el sentido crítico de los compradores es vital. Así como saber cuánto estás dispuesto a invertir en tu seguridad.

Hay una normalización a nivel europeo para la validación de los diferentes componentes que lleva una bicicleta. Dice como tienen que ser los ensayos y como deben probarse. Nosotros tenemos nuestros propios tests, algunos de ellos diseñados con nuestros clientes. Nuestras pruebas superan por mucho las normativas e incluso hemos desarrollado métodos propios de test.”

Sin ir más lejos Galfer ha incorporado recientemente un nuevo banco de pruebas a sus instalaciones capaz de simular velocidades de hasta 360km/h  temperaturas de hasta 800º.

En el aspecto del control de calidad de los productos, especialmente destinados a un uso exigente, como puede ser el MTB, nuestro sector está en el inicio del camino hacia una regulación más estricta, clara y precise. “En moto si que hay una normativa clara del proceso para introducir un producto en el mercado. Además hay diferencias entre regiones. Por ejemplo, en USA hay recomendaciones a la hora de crear un producto, pero en Europa son obligaciones. En la bicicleta la única obligación que hay es que tiene que haber doble sistema de freno, pero sin especificaciones concretas de cuánto tiene que durar, que fuerzas tiene que poder aguantar, etc… es un campo que está evolucionando pero que está lejos de la normativa de otros sectores.” 

La aparición de productos que acaban siendo un fracaso puede llegar a dañar la imagen de todo un sector. “Evidentemente cuando alguien saca algo al mercado y no sigue ninguna normativa con un resultado nefasto, como ha sucedido con estos discos de carbono, es algo que hace daño a todo el sector porque nosotros sí que realizamos todos los tests necesarios para garantizar que nuestros productos aguantan el uso. Invertimos en maquinaria y dedicamos mucho tiempo a pruebas, tanto en laboratorio como en campo a través de corredores y probadores de diferentes perfiles.

Estas lagunas que hay a día de hoy se deben en parte a que ahora estas normativas son europeas y tardan más en implantarse. Es un proceso largo.

Marco Milesi da más detalles sobre la exigencia que tiene que soportar los componentes de un sistema de frenado en MTB. Por su tamaño, necesidad de un peso competitivo y tipo de uso, diseñar pastillas y discos que aporten una buena frenada y a la vez tengan una buena durabilidad no es fácil. “Cuando se trata de un componente que además afecta a nuestra seguridad, como son los frenos, los problemas derivados de un componente mal diseñado o no apto para usar en MTB pueden ser catastróficos. Hay que tener en cuenta que un disco de freno de MTB puede llegar a los 400 grados. Hay que ver que en MTB los componentes están diseñados con unos márgenes ajustados. Un caso llamativo es el de las bicicletas eléctricas. Ahora llegan estas bicicletas, con más peso y pilotos que suelen ser más pesados que los practicantes de MTB, es lógico que para este tipo de bicicletas se necesitan unos frenos especiales. Es una muestra de cómo el mercado va más rápido que las normativas y que son los fabricantes los que deben ser encargados de verificar que sus productos aguantan el uso que es esperable.

Pruebas y más pruebas antes de lanzar un producto al mercado

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Invertir en desarrollo, el camino hacia los mejores productos

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En definitiva, hay normativa, sí. Ésta es insuficiente y obsoleta, también. En este escenario, ante la ausencia de un organismo que de certificaciones claras a todos los componentes de la bicicleta, acordes al uso que tienen las diferentes MTB (no será lo mismo una MTB de XC que una tándem para DH) el usuario debe ser crítico a la hora de escoger en qué marcas confía. El sentido común debe ser el que guíe nuestros pasos, aunque no siempre es así y muchas veces se sucumbe ante productos llamativos o precios de escándalo. No es sólo el caso de los discos de carbono, probablemente uno de los más llamativos de los últimos tiempos. Es algo similar a lo que ocurre con la compra de muchos accesorios directamente en Asia, sin conocer qué tests de resistencia han pasado. El precio suele ser uno de los argumentos en este tipo de productos. Obviamente, tras un sistema de pruebas y test hay una importante inversión en técnicos y maquinaria, que se debe repercutir en el precio final. Es una inversión en seguridad. Unos euros de diferencia en el precio final pueden salir muy caros cuando hablamos de componentes vitales para nuestra integridad.

 

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